Una de gaviotas reidoras peleonas

En la playa de la Bola en Algorta, además de diversas aves refugiándose de las tormenta, es fácil encontrar una buena bandada de gaviotas reidoras. allí recalan con ánimos jocosos, pendencieros y alborotadores, como esta parejita que nos ofreció todo un espectáculo acrobáticocircense.

Oyesss…se me está ocurriendo que con tantos fotógrafos a la vista, podríamos organizar un pequeño show…

Entre chillidos y revoloteos, saltaron…

¿Empezamos con un ataque o una persecución?

…se persiguieron…

¡Vete volando, que tú la llevas!

…intentaron protegerse…

¡Que te lo has creído, la llevas tú!

…hubo empujones…

¡Pilla pilla, te pongo la zancadilla!

…bailoteos…

Querida, ¿me concedes este vals?

…acorralamientos…

¡Supermaaaan al ataqueeeeee!

…discusiones a viva voz…digooo…¿risas?

¡Supermán quiero ser yo, tú eres batman!

…corre que te pillo…

Nananananananana ¡Baaaatmaaaaaaaan!

…pues lo llevas claro…

Y ahora soy el Joker…¡Juajajajajjjjaaaa!

…las mejores amiguitas…

¡Te pillé!

…interpretación libre de la danza del cisne…

¡Y haciendo un rebote acuático, me libré de tu abrazo paralizante!

…y reconciliación.

Ha estado bien ¿eh? ¿Lo repetimos?

¡Mejor que el cine! Nos faltaron las palomitas.

Y la tormenta pasó, 2ª parte.

Unos días después podimos volver a la playa de la Bola, en Algorta, a comprobar el estado del correlimos cojito.

O se había marchado o se había curado, porque en vez de uno solito vimos…dos.

Correteando por toda la playita entre los restos de la última marejada. –Por cierto, es desesperante ver la inmensa cantidad de plásticos entre los restos, no es de extrañar que nos alimentemos de microplásticos. Esperemos que esto cambie en un futuro próximo, muy próximo…-

Siempre es difícil describir más o menos el tamaño de un pajarillo, así que aprovechamos la oportunidad que nos brindó esta gaviota reidora, para estimar que nuestro correlimos se asemeja a una pequeña bolita de nieve…

…aunque junto a la lavandera blanca pareció crecer.

Por allí llevaba unos cuantos días otra visitante inusual, una serreta mediana.

Se le veía cómoda con la cantidad de fotógrafos que había sacándole guapa…

…y nos ofreció su mejor perfil. –En los escasos ratos en que emergía de su pesca submarina, claro.

Pero la que se llevó los mejores aplausos fue esta garceta blanca con su habilidad para la pesca.

Lo mismo atrapaba a un sargo real, de los que se esconden entre la arena del litoral rocoso…

…como a…-bueno, no tengo ni idea de cómo se llama este pececillo-…

Y esto creo que es una angula crecidita en proceso de convertirse en anguila. ¡Ups, se acabó el proceso…!

Mientras observábamos a la garceta, se nos coló esta lavandera cascadeña con ganas de protagonismo. Aquí mirando fijamente a la cámara…

…y aquí empujada por el viento, enseñándonos sus enaguas-color-rayo-de-sol.

A la hora de marchar nos llamó la atención un cernícalo que pareció caer contra los arbustos. Al parecer, una fortísima ráfaga de viento lo había empujado a realizar un aterrizaje forzoso. Por fortuna se recuperó rápidamente.

Pareció apoyarse en la rama de un árbol y mi primera impresión fue que se había roto un trocito de la misma…pero no.

Realizó una captura, se apoyó en una farola para engullirla, y prosiguió vuelo.

La pena es que nos quedamos sin ver a unos falaropos que andaban por allí. O quizás ya habían continuado viaje…Otra vez será.

Carbonero garrapinos, piratilla del bosque

Ya hace un año de estas imágenes, tomadas en un día gris, con las nubes grises y el campo…gris? Pues también. Se nos apareció con ínfulas de capitán pirata, escogiendo para ello el tronco partido preferido de los colirrojos, desafiando a quien quisiera quitarle el puesto, rememorando a Espronceda…

carbonero garrapinos
Con diez cañones por banda,/ viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela/ un velero bergantín:
bajel pirata que llaman,/ por su bravura, el Temido,
en todo mar conocido/ del uno al otro confín.

Clamando al cielo lloviznoso por un rayo de sol que le llevara a buen puerto, desafiando con sus trinos a cualquier corsario circundante de aviesas intenciones.

carbonero garrapinos
La luna en el mar riela,/ en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento/ olas de plata y azul;
y ve el capitán pirata,/ cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,/ y allá a su frente Stambul.

Exhortando al dios del viento por una buena ráfaga que le despejara el día, donde volar pudiera sin temor a desplumarse.

carbonero garrapinos
Navega velero mío,/ sin temor,
que ni enemigo navío,/ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,/ ni a sujetar tu valor.

Contando y recontando los bichillos que pudiera merendar, ya que la travesía es larga y hay racionamiento…

carbonero garrapinos
Veinte presas/ hemos hecho/ a despecho/ del inglés,
y han rendido/ sus pendones/ cien naciones/ a mis pies.
Que es mi barco mi tesoro,/ que es mi Dios la libertad,
mi ley la fuerza del viento,/ mi única patria, la mar.

…pirata de vocación y apariencia, con mancha clara en la nuca que le distingue de los otros carboneros, el común, el palustre y el montano, quedando claro quién es el que lleva el pañuelo corsario.

carbonero garrapinos
«Allá muevan feroz guerra/ ciegos reyes/ por un palmo más de tierra:/
que yo tengo aquí por mío/ cuanto abarca el mar bravío,/ a quien nadie impuso leyes.

Y botas de caña alta color azul grisáceo o gris azulado, en función de la luz que traiga la tormenta.

carbonero garrapinos
Y no hay playa,/ sea cualquiera,/ ni bandera/ de esplendor,
que no sienta/ mi derecho,/ y dé pecho/ a mi valor.»
Que es mi barco mi tesoro,/ que es mi Dios la libertad,
mi ley la fuerza del viento,/ mi única patria, la mar.

La cabeza es de color negro intenso con una llamativa franja blanca que nace en la base del pico y se extiende por las mejillas hasta casi la nuca, recordando al pirata Barbablanca.

carbonero garrapinos
A la voz de ‘¡barco viene!’/ Es de ver/ Cómo vira y se previene/ A todo trapo a escapar:
Que yo soy el rey del mar,/ Y mi furia es de temer.
 
»En las presas/ Yo divido/ Lo cogido/ Por igual.
Sólo quiero/ Por riqueza/ La belleza/ Sin rival.

Que es mi barco mi tesoro, / Que es mi Dios la libertad,
Mi ley, la fuerza y el viento, / Mi única patria la mar.

Viste en pecho y vientre color blancuzco u ocre en función de la edad y época del año, cual librea desgastada por la marejada y los vendavales.

¡Sentenciado estoy a muerte!/ yo me río:/
no me abandone la suerte/ y al mismo que me condena,
colgaré de alguna antena,/ quizá en su propio navío.
Y si caigo,/ ¿qué es la vida?/ por perdida/ ya la di,
cuando el yugo/ del esclavo,/ como un bravo,/ sacudí.
Que es mi barco mi tesoro,/ que es mi Dios la libertad,
mi ley la fuerza del viento,/ mi única patria, la mar.

Y llega el rayo de sol realzando la coloración pardo grisácea del dorso y las las barras alares claras, cual galones de corsario ganados en mil batallas.

carbonero garrapinos
Son mi música mejor Aquilones,/
el estrépito y temblor de los cables sacudidos,/
del negro mar los bramidos y el rugir de mis cañones. /
Y del trueno/ al son violento/ y del viento/ al rebramar,
yo me duermo/ sosegado,/ arrullado/ por la mar.

Quedando el mar en calma tras la tormenta. Aquí reposa el capitán pirata cantando, de nuevo, alegre en la popa, Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente, Estambul. Hasta la próxima tormenta!

Que es mi barco mi tesoro,/ que es mi Dios la libertad,
mi ley la fuerza del viento,/ mi única patria, la mar.

Rafael Ajanguiz Letona 05/11/1932-03/12/2020

Para mi Aita, mi pirata peferido: aunque tu mente se perdía en otros vericuetos, nunca olvidaste declamar este poema con tu mejor cara de pirata, haciendo reír a todos los que te rodeaban y querían. Nos vemos más allá de Estambul.